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jueves, 22 de abril de 2010

Pueblo triste

Aun Siguen frescas las escenas de aquel turbulento día en la plaza central de pueblo triste.

Atónito contemplaba como la belleza de unos abatidos ojos tenía la capacidad de inundar el alma de todos los habitantes de este difunto pueblo.
Esos ojos pertenecían a Matilde, solo tenía 15 años y ya había sacrificado su corazón para conservar la dignidad de su madre.

Ahí estaba ella llegando a la iglesia en la parrilla de esa aberración de metal,
se trataba de la moto de su hermano Simón que desde que perdió sus pies se había convertido en una especie de hibrido entre hueso y metal pues nunca se lo veía fuera de su moto, moto que tenia mas historia y mas años que mucha de la gente del pueblo pero bueno eso no importa.

Eran las 11:00 am y Matilde caminaba lento hacia el altar donde la esperaba Germán Burgos que era el casi dueño de pueblo triste era muy poca la tierra que no estaba contaminada de su codicia entre esas estaba la hacienda santa Mónica que de hacienda ya no tenía mucho.

Después de la muerte del padre de Matilde Germán había movido cielo y tierra para apropiarse de esas tierras y Matilde antes de ver a su madre humillada y sabiendo de la obsesión que Germán tenia por ella acepto una vieja propuesta de matrimonio con la única condición que después de la bendición del padre el se olvidara de la hacienda y de su familia.

11:50 am ya estaba terminando la ceremonia y yo espera la llegada del único bus intermunicipal que entraba al pueblo se trataba del submarino amarillo un bus manejado por Alberto un joven músico de ciudad que por alguna extraña razón termino en este lugar y, a pesar de todo el misterio que lo envolvía se había ganado la simpatía del pueblo y el furtivo amor de Matilde. 12:16 pm el submarino amarillo ya había entrado al pueblo y yo que quería subir al bus y olvidarme para siempre de este pueblo. Vi como la silueta de Matilde desaparecía bajo las llantas de mi bus de huida.

Poco después me entere que Matilde después de dar el sí escucho la corneta del bus y salió corriendo con una extraña mirada y parecía que en su corto trayecto había embrujado al pueblo pues este se levanto y colgó a Germán Burgos por acabar con la última gota de alegría de pueblo triste.