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miércoles, 21 de abril de 2010

El perro de los angeles

En el tiempo de mi mama, en el barrio los Ángeles al sur de Santa Marta, los niños que inquietos jugaban todos los días a la chequita fueron testigos de lo extremadamente ridícula que puede ser la realidad. Era la 1:30 PM el sol ardiente espantaba la sombra, el agua llegaba con sed a tuberías del barrio y las negras maría mulatas después de varios días de lucha y plumas perdidas, habían logrado arrebatarle a las pacifistas palomas la fuente al frente de la iglesia.
Un perro cabeceaba en la mitad de su reino de asfalto y piedra y digo su reino porque once años tumbándose en el mismo lugar lo acreditaban como tal
Los niños deshidratados iban y venían atrás de un chequita al mismo tiempo que el padre Javier Ignacio de las casas enviado directamente de roma y después de una larga semana de viaje entraba en su wolsvagen azul al pequeño infierno que tenía que salvar.
De las cuatro calles que conformaban el barrio el padre decidió entrar por la tercera que a su vez era parque y de reino del perro. Los niños hijos del sol vieron el bólido azul aproximarse y sabiamente desarmaron el parque para que pasara
Pero el perro orgulloso de su reino no se inmuto, y el padre que tenia a dios y la verdad de su lado no iba a dar marcha atrás después de nueve días de viaje por un sucio perro que seguramente no se habría bautizado aun
Lentamente todos los ojos detrás de las cortinas observaron como la carrocería pasaba sus cuatro llantas por encimaba del rey. El tiempo se detuvo, los niños lloraron y el carro siguió rodando unos metros más, hubo un silencio abismal y el padre esperaba angustiado el desenlace de su entrada triunfal. Todo esto duro un minuto que fue el tiempo que el perro necesito para sacudirse la consternación y como si esto nunca hubiese pasado se levanto y abandono su reino.
Hasta aquí todo era una historia casual que no hubiese atravesado el tiempo, pero media hora después de aquel incidente el padre Javier en su wolsvagen azul recorrió las calles de los Ángeles una y otra vez, no precisamente conociendo a sus feligreses o repartiendo ostias.
El padre Javier buscaba al dueño del perro, cualquiera se imaginaria que esta alma de dios le preocupaba rey el perro, pero no, necesitaba al dueño para que solucionara el abollamiento que el perro con su cadavérico cuerpo causo a la defensa del wolsvagen azul…